El Canal de Panamá y sus 101 años

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El 15 de agosto el Canal de Panamá cumple 101 años de funcionamiento. Por algo siempre se dijo que era una de las siete maravillas del mundo moderno, aún hoy funciona con los sistemas que se instalaron entonces, con un sistema de esclusas que desafía a los tiempos.

Cuando los norteamericanos decidieron que el canal sería por Panamá trataron de negociar con Colombia, de quien éramos una provincia. Las negociaciones fracasaron y los norteamericanos volvieron su mirada a Nicaragua, donde ya habían estado explorando la posibilidad. Pero, para suerte de nosotros, en eso se presenta la posibilidad de separarnos de Colombia y hábilmente el presidente de EE.UU. decide apoyar la separación y reiniciar la posibilidad del canal en el territorio que sería ahora independiente.

No me interesa hoy hablar de nombres ni protagonistas, solo de los hechos. EE.UU. debate si convertir al territorio separado en estado asociado, pero tras muchas consideraciones optaron por algo más conveniente y menos costoso: dentro del istmo de Panamá hacerse soberanos de una franja de cinco millas a cada lado del canal que sería territorio estadounidense y disponen que sus leyes se regirían por las leyes del Estado de Luisiana. Efectivamente, cuando una persona llegaba a los puertos de Balboa o Cristóbal estaba ingresando a los Estados Unidos de Norteamérica, si salía en barco hacia EE.UU. no entraba por migración allá, era un viaje de un puerto de EE.UU. u otro. Por eso tenían su policía, su correo, sus placas y licencias de conducir, sus jueces y leyes, sus comisariatos y, más importante, sus 14 bases militares que incluían aeropuertos en cuatro de ellas.

Inicialmente la presencia del canal en manos norteamericanas benefició colateralmente a la ciudades de Panamá y Colón. Recogían la basura, nos dotaban de agua potable (el acueducto hecho para la otrora Zona del Canal producía suficiente para la ciudad de panamá, como también en Colón). De igual forma, habiendo Panamá salido a principios de siglo de la sangrienta Guerra de los Mil Días entre liberales y conservadores, optaron por desarmar al ejército de la nueva República y ponen ellos su policía a cubrir también la seguridad de ambas ciudades.

La influencia a lo largo de los años de esa presencia, producto del canal fue simplemente normal. ‘White Chapel Hill’ se convirtió en ‘Guachapalí’, el restaurante donde los soldados tomaban cerveza ‘at right hand’ después del puente (ferry) se convirtió en ‘Arraiján’. El jefe de la policía que vivía en una colina en Bella Vista, llamado Hill, lo convirtió de ‘Perry’s Hill’ en ‘Perejil’.

El canal nos daba poco dinero, pero el impacto económico de los miles residiendo en la Zona y otros tanto que poco a poco se fueron mudando y alquilando en Panamá era significativo. Sin embargo, con los años Panamá despertó en su interés de a) recobrar su soberanía total y b) renegociar un Tratado menos lesivo a nosotros. Empezó la lucha generacional por los cambios, logrando victorias parciales con Harmodio Arias en la primera revisión de los Tratados, José Antonio Remón Cantera (‘Ni millones ni limosnas, queremos justicia’) y finalmente con un 9 de Enero del 64 y luego Torrijos que logra derogarlos y suscribir uno con ‘fecha de cumpleaños’, cuando el 31 de Diciembre de 1999 saldría de Panamá el último soldado estadounidense.

No dudemos que hubo aprehensiones en muchos panameños. ¿Cómo sería esto sin los gringos aquí? ¿Podríamos administrar el canal bien? ¿Cómo reemplazar los ingresos que nos daban los gringos en anualidad, alquileres, compras? ¿El uso de las áreas revertidas? Recordemos los eslóganes de ‘áreas revertidas para las queridas’. Hoy, todo es pasado, recuerdos. Lo hemos hecho relativamente bien, 10 en administrar el canal que hoy nos produce más de un billón de dólares anuales al Gobierno, cinco en uso de las áreas revertidas, tres en mejor uso colectivo para beneficio del pueblo.

Hoy, ya muchos ni recuerdan la historia detrás de ese canal nuestro. Muchos desconocen las luchas, los enfrentamientos, la presencia gringa. Hoy vivimos la realidad de la ampliación, un proyecto de 7000 millones y la competencia, los problemas este año del agua por el fenómeno del Niño, la ampliación de Suez y la posibilidad del canal en Nicaragua. Pero somos los panameños enfrentando esto, ingenieros, economistas, expertos panameños, con un administrador panameño, ese es nuestro orgullo y, aunque las nuevas generaciones no sepan mucho de la historia, la mía vive orgullosa del rol que jugó en esa larga lucha generacional. Al final, solo serán cuentos para mis nietos.

ANALISTA POLÍTICO.

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‘… aunque las nuevas generaciones no sepan mucho de la historia, la mía vive orgullosa del rol que jugó en esa larga lucha generacional. Al final, solo serán cuentos para mis nietos’

Fuente: http://laestrella.com.pa/

Ernesto Chong de León, Ernesto Emilio Chong Coronado