Panamá, un canal y mil travesías

unca antes una pequeña franja de tierra ha dado tanto de sí. El istmo de Panamá, y el famoso canal que lo rompe, colocó a este pequeño país centroamericano en el mapa y en el foco de la atención mundial, impulsó su desarrollo económico y es uno de sus mayores atractivos turísticos. Pero Panamá esconde otros tesoros.

Selvas, valles y montañas o cientos de pequeñas islas colocadas estratégicamente sobre océanos y mares construyen paisajes naturales increíbles sobre los apenas 75.000 km2 de superficie que tiene Panamá. Uno de sus archipiélagos más hermosos, San Blas, en el mar Caribe, fue localizado por los españoles en 1501. Fue la avanzadilla hasta alcanzar la plataforma continental.

Desde entonces, esta pequeña franja costera, que separa naturalmente el norte y centro de América del Sur del continente, fue un codiciado objeto de deseo para construir una ruta artificial que uniera los océanos Atlántico y Pacífico. El milagro no se dio hasta principios del siglo XX y transformó el comercio mundial reduciendo distancias, tiempos y costes del transporte de mercancías.

Hoy, el monumental cauce interoceánico conecta 144 rutas marítimas que llegan a 1.700 puertos en 160 países. Casi 500 años antes, en 1519, los españoles plantaron sus reales en lo que se conoce como Panamá la Vieja, a orillas del Pacífico, una situación estratégica para el comercio de oro y plata, y para extender la conquista al sur de América, pero muy vulnerable al asedio de piratas, ya que era una ciudad abierta al mar sin prácticamente ningún sistema defensivo.

Incendios, terremotos y el acoso del corsario inglés, Henry Morgan, conocido como el azote de Panamá, la dejaron en ruinas. Hoy se conservan muy cerca del aeropuerto internacional de Tocumen. No se desmoralice.

Las antiguas joyas de la corona están a buen recaudo, a 8 km al suroeste de la ciudad original, en el barrio de San Felipe. Hoy se conoce como el Casco Antiguo y buena parte del recorrido que separa a ambas urbes lo puede hacer paseando por la extraordinaria Cinta Costera, mucho más que un singular paseo marítimo, a la brisa del Pacífico, entre palmeras y rascacielos que parecen rivalizar en altura.

Ciudad de Panamá
Panorámica de Ciudad de Panamá sobre la avenida Balboa y la Cinta Costera.Thinkstock

La ciudad nueva se edificó sobre una península, al abrigo del océano. La bajada de mareas del Pacífico, que dejaba varados a los barcos, la hacía inexpugnable para los piratas, pero, por si acaso, se amuralló. Desde varios puntos del antiguo cerco que aún se conserva podrá averiguar de qué le hablamos.

Los edificios que quedan en pie nos dan una idea del esplendor de esta bonita ciudad, hoy inmersa en un ambicioso plan de restauración, y que aspira a convertirse en uno de los más bellos exponentes de la arquitectura colonial española. Y es uno de los siete patrimonios de la Unesco que tiene el país.

Encerrada entre tres avenidas y diez calles, le aconsejamos recorrerla a pie, porque, como en el resto de la capital, el tráfico le restará encanto y acabará con su paciencia. Reconocerá fácilmente los edificios históricos e institucionales, iglesias del siglo XVII, como la iglesia del Altar de Oro, las ruinas del convento del siglo XVII y los calabozos de la antigua cárcel, en la plaza de Francia, que sirvió como tal hasta 1922.

Como el Casco Antiguo está sobre un promontorio, disfrute de las vistas sobre el océano y la bahía o deje pasar el tiempo en alguna de sus coloridas y animadas terrazas y bares. Allí también encontrará algunas tiendas de artesanía –aunque la globalización también aquí ha hecho estragos para encontrar algo verdaderamente original–. Un souvenir típico es el sombrero Panamá, aunque son originales de Ecuador, pero que se popularizó durante la construcción del Canal.

Al margen de su pasado colonial, la capital es una ciudad cosmopolita, bulliciosa y llena de vida tanto de día como de noche, con concurridos macrocentros comerciales muy al estilo estadounidense.

Dedique una tarde, al menos, a pasear por la Cinta Costera, paralela a la imponente avenida Balboa, para contemplar el precioso skyline con sus imponentes rascacielos sobre la bahía. Las luces al caer la tarde serán su mejor aliado para dejarle con la boca abierta, sea o no amante de la fotografía. Como curiosidad, sepa que no hay casi semáforos y que tendrá que cruzar por pasos elevados perfectamente camuflados por la abundante vegetación.

En su recorrido por la alegre Cinta Costera, uno de los puntos de reunión de la capital, encontrará a mucha gente haciendo todo tipo de deporte al aire libre, ensayando coreografías, paseando o tomando un helado. Finalice en el Mercado de Mariscos, muy cerca del Casco Antiguo, y difrute de unas cervezas y un ceviche en los chiringuitos pegados al océano.

En un recorrido por Panamá no puede perderse Bocas del Toro, uno de sus principales centros turísticos. Lo mejor para trasladarse allí desde la ciudad de Panamá es tomar un avión en el aeropuerto local de Albrook hasta isla Colón (unos 40 minutos). Los vuelos salen muy, muy temprano –en torno a las 6 de la mañana–.

Bocas del Toro
Típicas casas de madera sobre el mar en las islas de Bocas del Toro.Thinkstock

En Bocas del Toro, al norte del país y en pleno Caribe, están algunos de los bosques lluviosos más extensos de Centroamérica. Cuenta con 9 islas principales, 52 cayos e innumerables islotes. Es también patrimonio de la humanidad por la Unesco, el primer parque marino de Panamá y un paraíso para los amantes del ecoturismo.

No tendrá problemas para saltar de isla en isla, pero no deje de visitar Cayo Zapatilla, con su playa de cine y sus aguas turquesas que dejan ver las estrellas de mar –prohido sacarlas–.

Muy cerca de Bocas está Boquete, en la provincia de Chiriquí, cerca de la frontera con Costa Rica. Un destino de montaña, famoso por sus cafetales. A unos 15 minutos del pueblo se topará con la Quijada del Diablo, donde el viento del Caribe alcanza tanta fuerza que es capaz de despeñar coches y camiones. No tiente a la suerte por una foto.